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Destacado del mes

Pr. Cinalli José Luis

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Capítulo 37 | Momentos Sublimes

“El siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo”, Lucas 7:1-10.

Jesús se maravilló de la fe de un centurión romano. Lo elogió al punto de decir: “Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”, versículo 9. ¿Significa esto que no había nadie en toda la nación que tuviera la fe de este hombre? Sus discípulos que lo habían abandonado todo para seguirlo, ¿tenían menos fe que este romano? ¿Qué decir de María? ¿Y de Juan el bautista? Ninguno de ellos alcanzaba la estatura ...
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